Grupo de Liturgia

Publicado el 10 marzo 2020 | por Jordi Cerdà

La oportunidad de la Cuaresma

El pasado 26 de febrero, con el miércoles de ceniza, iniciamos la Cuaresma que conduce hacia la Pascua: al triunfo de la vida sobre la muerte. Es lo que se nos va a sugerir durante los siguientes 40 días que va a durar. Este tiempo no se trata de una simple preparación para la Pascua, sino que se nos ofrece el anticipo de la celebración de la vida. La cuaresma no es sinónimo de penitencia, de mortificaciones y de un tiempo en el que predomine el complejo de culpa, sino todo lo contrario. Las fiestas cristianas han surgido de un deseo de la Iglesia Católica de profundizar en los diversos momentos de la vida de Cristo, y de un encuentro verdadero con el Señor Resucitado. Se comenzó con la fiesta del Domingo y la Pascua, luego se unió Pentecostés y, con el tiempo, otras más. Los misioneros, al evangelizar, fueron introduciendo las fiestas cristianas tratando de dar un sentido diferente a las fiestas paganas del pueblo en el que se encontraban.

Por eso me atrevería a decir que “vivir en negativo” puede ser una verdadera perversión de lo que nos ofrece la Iglesia en estos tiempos de crisis y desorientación. Temo que el pesimismo se pueda convertir en una auténtica blasfemia.

Dicho de otra forma: en vez de buscar insensatas mortificaciones que “matan”, tendríamos que empeñarnos en conseguir “vivencias” que nos aportan vida. En lugar de privarnos de tomar algo bueno, deberíamos intentar traer un pobre a nuestra mesa, compartir con él nuestra sencillez. En lugar de ahorrar para no gastar o “guardar la línea”, atrevernos a ofrecer y compartir lo que otro necesite.

En lugar de las penitencias que carezcan de sentido claramente religioso, seguir el camino de la verdadera conversión. Además de “imponernos” la penitencia de no criticar a nadie, “proponernos” destacar las cosas positivas de los demás.

En vez de aguantar estoicamente las críticas que nos puedan hacer, atrevernos a reflexionar, no sea cosa que resulte ser cierto lo que dicen de mí. Y, más allá de perder el tiempo en un programa superficial de TV, aprovechar la oportunidad de compartir con un enfermo o anciano solitarios un rato agradable.

En lugar de flagelarnos con un enfermizo complejo de culpa, dar gracias a Dios por las cosas que hacemos bien con su ayuda. Esto es: cambiar la actitud negativa de fijarnos en los defectos y limitaciones, creyendo que valemos muy poco…, por la visión positiva de saber que soy una persona de suerte porque Jesús el Cristo se ha empeñado en nuestra causa: nos ofrece la esperanza evangélica, porque contamos con amigos y amigas realmente excelentes, porque disfrutamos de un grupo de amigos, de familia, Parroquia,… que están siempre a nuestro lado. Que, a pesar de todo, soy una persona privilegiada.

En esta Cuaresma vamos a probar vivir “en positivo” la mortificación, el ayuno, el sufrimiento, la penitencia como cambio a mejor. Porque, el DIOS de la Vida que sacó a su Hijo de la muerte, nos llama a todos a VIVIR. Cada victoria sobre nuestro egoísmo es ya una parte de Pascua… Y repartir/compartir “la cultura de lo positivo” puede ser una forma muy concreta de practicar la caridad. No busquemos sufrimientos artificiales para ser virtuosos, sino que compartamos solidariamente los problemas de los demás, para así ir superando todo sufrimiento.

Buena y santa Cuaresma, para así poder vivir una buena y santa Pascua.

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