Juniors MD

Publicado el 17 mayo 2020 | por Comunidad

Y tú, ¿te atreves a ser santo?

Y tú, ¿te atreves a ser Santo?, así titulaba una noticia el semanario Paraula el pasado 31 de octubre. Continuaba el semanario diciendo “Las fiestas que celebramos y el modo en cómo lo hacemos reflejan quiénes somos, e influyen en nuestros valores”. Me parece una buena manera de comenzar.

Hoy recordamos a AMPARO ALABARTA BAVIERA, en el aniversario de su muerte. Amparo Alabarta, cuyo nombre lleva el centro de Juniors de la Parroquia, era una persona como tú, como yo, como cada uno de nosotros. Puede que tú no la hayas conocido, pero  las generaciones más mayores y muchos de los educadores y responsables actuales de los movimientos sí la conocieron.

Es difícil, y desde luego no soy imparcial, escribir de ella. Fue una joven que desde niña en los Juniors, como educadora, como jefa de centro, como ministro extraordinario de la Eucaristía, supo responder a la llamada de Cristo: “Sígueme”. En silencio, con dudas, pero adelante, tratando de hacer las cosas que se le encomendaban lo mejor posible, equivocándose a veces nadie nace enseñado, pero siempre seguro con la mejor intención .

La fe profunda, la oración y la Eucaristía como soporte, como carburante necesario. De ella destacaría, su disponibilidad y facilidad para decir sí, “voy donde me envían seguramente porque allí hago falta” y eso a veces no es fácil hacerlo para nosotros, aunque lo repitamos tantas veces en la oración junior “Quiero marchar decidido por el camino que Tú me marques para que mi vida sea lo que tú esperas de ella”.

Estar cerca de los demás, darles una palabra de ánimo, aunque sea difícil, muy difícil, inclusive cuando no sabes qué decir. Pero es importante estar al lado del otro, y eso ella lo hizo sin importar ni tiempo ni día. ¡Cuántos pueden dar testimonio de ello! Ese educador disgustado porque no está donde quiere estar, ese joven con dudas, esa persona que espera con ansia recibir la comunión y además una sonrisa y un interesarse por sus cosas, pues eso hizo hasta el final, incluso con la enfermedad, haciendo real, como concluye la oración Junior aquello de “ seguirte sin cansarme con lealtad y alegría”.

Pues sí, Amparo se atrevió. Dijo sí a ser apóstol y sin saberlo, o quizás sí, a ser Santa.

 

 

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